lunes, 31 de octubre de 2011

Pudding de menta

A lo largo de su vida, besó a tantos hombres que sus besos acabaron por no tener significado alguno. 
Realmente no sentía nada. 
Besar a alguien debe hacerte sentir en el aire, debe dar la sensación de transportarte a otro lugar, a otro mundo, a otro planeta.. debe ser siempre como el primer y al mismo tiempo el último beso.
Pero para ella nunca fue así.

jueves, 27 de octubre de 2011

Pudding de frambuesa

Nicole no veía la hora de salir de entre las sábanas de franela aquella mañana de invierno en pleno diciembre abrazada a Jack. 
Una no puede amanecer todos los días como si estuviera encerrada en un cuento de hadas de esos que tienen final feliz. Mejor dicho, de esos que no tienen final, porque los finales felices no pueden existir si son finales.
- ¿Sabes una cosa, pequeño gorrión? - Dijo Jack con un tono de voz tan dulce que iluminó la cara de Nicole.
- ¿Qué debería saber? 
- Que tengo miedo. 
- ¿Miedo? ¿Miedo a qué?
- A que esto desaparezca, todo esto que tenemos. A no despertarme y verte dormir a mi lado. A no oír tu respiración en medio de la noche. A no ver como tu pelo se enreda entre mis dedos, ese pelo rubio y largo que me enamoró. 
- Eso no tiene porque darte miedo, eso no es nada. Yo tengo un miedo mucho peor. Eso si que es verdadero miedo. - Contestó Nicole para sorpresa de Jack, que la miró con los ojos como platos y finalmente se atrevió a preguntar:
- ¿Y qué es eso a lo que tu le tienes tanto miedo?
- A mirarte un día a los ojos y ver que ya no me quieres. Eso es lo realmente aterrador.

martes, 25 de octubre de 2011

Pudding de chocolate

Ahí estaba ella, esperando como siempre. Llevaba con él ya un año y medio y sabía que siempre estarían juntos. Como de costumbre, se encontraba en el mismo banco en el cual se encontraban a diario, en un parque poco transitado de la ciudad donde se veían a parejas de ancianos sentados en los bancos y donde soñaban con un futuro similar.
Ella siempre esperaba en la misma posición, sentada en el respaldo del banco apoyando su brazo izquierdo en las rodillas y su barbilla de niña dulce, blanca y suave, en la mano.
Él, esta vez, llegaba tarde. Llevaba ya 17 minutos de retraso y no había llamado ni siquiera para avisarla, cosa que a ella le pareció bastante extraña.
Cuando por fin apareció, ella le vio doblar la esquina por donde siempre venía y su cara se iluminó, aún estando molesta por no haber avisado del retraso. Llevaba sin verlo 5 días porque había estado muy atareada con muchos trabajos.
En cuanto lo tuvo lo bastante cerca se abalanzó sobre él y mientras él la sostenía en sus brazos le besó con toda su energía, como si fuera el último beso.
- Podías haber llamado, o haberme enviado un mensaje diciendome que llegarías algo tarde. Sabes que detesto esperar sola. - Dijo ella.
- Tenía que hacer unas cosas y perdí la noción del tiempo, lamento haberte hecho esperar bicheja, no te enfades-. Contestó el algo burlón a la espera de que ella se enterneciera.
- ¿Aún no lo sabes? - Preguntó ella para sorpresa de Nikki.
- ¿El qué debería saber? -.
- Que no puedo enfadarme contigo.-
- ¿Cómo no vas a poder enfadarte conmigo? Todo el mundo puede enfadarse con todo el mundo.- Contestó él algo desconcertado.
- ¿Ah si? ¿Y porqué? - Preguntó Jazz.
- Por que si tu no pudieras enfadarte conmigo yo no podría hacer todo lo que te hago cada vez que te enfadas, como abrazarte hasta sentir que formas parte de mi, morderte el lóbulo de esas orejillas tan pequeñas que me vuelven loco o simplemente mirarte fijamente hasta ver a esa niña en tu interior que me enamoró desde aquel primer momento en que te ví esperando el autobús.